Todo empezó con un correo electrónico. El 12 de junio de 2006, un joven congoleño llamado Merleau Nsimba Ngoma escribió a Fasta pidiendo incorporarse a la institución. De ahí salió todo lo demás.
En septiembre de 2010 nació la ruca Bakanja, en honor a Isidoro Bakanja, patrono de los jóvenes católicos del Congo. Poco después, en la parroquia San Antonio de Padua de Kinshasa, alrededor de 120 chicos y chicas ya se reunían para construir juntos una comunidad. Todavía no había colegio, pero sí había algo más difícil de conseguir: ilusión y gente dispuesta.
La semilla de un sueño
En 2015 llegó la campaña «Minzoto», que en lingala significa «las estrellas». Toda la comunidad se volcó para sostener la obra en África, y ese mismo espíritu solidario es el que ha llevado el proyecto hasta donde está hoy. Cada aportación, por pequeña que pareciera, iba sumando.
Empezamos sin edificio y sin apenas medios. Lo único que teníamos claro era a quién queríamos ayudar.
Lo que vino después ya lo conoces: la bendición del fundador en 2019, el respaldo del Papa Francisco y, por fin, el Colegio Père Fosbery lleno de niños. Pero conviene recordar de dónde venimos, porque esa historia de constancia es la que sigue empujando cada nuevo curso.
Escribe el próximo capítulo con nosotros
Lo que empezó con un email hoy son cientos de niños con futuro. Y esto no ha hecho más que empezar.
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